13/3/21

rareza por la admiración popular

 «Qué raro —dijo— que la gente se admire con las historias de personajes que lo único memorable que tienen son las desdichas que les pasan: sin ellas, no interesarían, ni existirían.»


Domingo, 1 de noviembre. 1953.


Adolfo Bioy Casares

“Borges”


la lección de Bibiloni

 Después me cuenta que la señora Bibiloni de Bullrich le dijo que estuvo a punto de separarse de su marido. ¿Por qué? Porque el marido encontró un departamento en la calle Uruguay y le pidió a ella que lo viera para decidir si se mudarían. «¡Era un sueño el departamento! Precioso, de buen gusto y mucho más cómodo que el que tenemos. Con una vista maravillosa, con sol, todo lo que usted puede pedir. Pero yo le dije a mi marido que yo no podía consentir en ese cambio. El departamento elegido era más chico que el nuestro. Mudarse hubiera sido reducirnos.


Una mujer como yo no puede aceptar eso. No sólo por el respeto que me inspiro yo misma, sino por mis hijos, por lo que debo a mi clase. Que yo me redujera sería sentido como una derrota de la clase que represento y, usted comprende, en estos momentos hay que tener mucho cuidado. Mi marido me dijo entonces que para seguir con el actual departamento yo debería participar en los gastos. Usted comprende, eso yo tampoco pude aceptarlo. Si participo en los gastos disminuyo mi argent de poche: y eso también es reducirse. Mi marido se puso hecho un loco, salió de casa y por una semana vaya uno a saber por dónde anduvo; pero volvió al fin y me dio las gracias y me dijo que yo era una mujer admirable y que le había dado una lección. Mis hijos también me felicitaron.» BORGES: «Y yo también la felicité. ¿Qué querés que hiciera con una mujer así?».


Sábado, 20 de junio. 1953.

Adolfo Bioy Casares

“Borges”


no peque de grosería

 Cuando le cuento esto a Borges, me refiere una anécdota de una batalla, en que la caballería perseguía a sablazos a los bolivianos; uno de estos se volvió y exclamo: «No sean ustedes groseros».


Lunes, 15 de junio. 1953.


Adolfo Bioy Casares

“Borges”


haz lo que yo digo...

 Me asegura que es indispensable destruir todos los papeles porque el día menos pensado uno desaparece y los amigos le publican esas grietas y esos estigmas.


Domingo, 26 de octubre. 1952.

Adolfo Bioy Casares

“Borges”


el impedimento del surrealismo

 ¿Cómo sería el futuro de conversaciones con personas que hablan enserio de Fargue, que encaran el bicornuto dilema de elegir entre Aragón y Prévert, que imaginan que sólo hay tres posibilidades: catolicismo, comunismo, surrealismo? Como decía Borges la otra noche, las dos primeras doctrinas permiten, por lo menos, la redacción de libros; los franceses parecen no haber advertido que el surrealismo, valga lo que valga la teoría, impide en la práctica la producción de páginas legibles.


Jueves, 16 de octubre. 1952.

Adolfo Bioy Casares

“Borges”


el estilo burocrático de Flaubert

 Habla de Flaubert: «A pesar de lo mucho que se esforzaba por escribir, las frases no le salían bien. Cae, como Lugones, en un estilo burocrático que apaga el interés del lector. No trata de ser interesante; la impresión que da no es de impulso, sino de insistencia en una materia ingrata. Después de leer La tentation de Saint Antoine a sus amigos, le dijeron que debía dejarse de asuntos grandilocuentes, que debía buscar una historia chata. Para contestar a esos amigos escribió Madame Bovary. Qué idea de la literatura y del arte. Llegó hasta a buscar la casa donde habían vivido Bouvard y Pécuchet. Qué diferencia con Henry James. Cuando a James le contaban una historia que le parecía que le daba tema para un cuento, una vez que había oído lo esencial acallaba a los narradores: no quería oír demasiadas explicaciones ni detalles; con lo esencial trabajaba su mente y un tiempo después producía un cuento. Un método más lúcido que el de Flaubert».


Viernes, 30 de mayo. 1952.


Adolfo Bioy Casares

“Borges”


aquí tenés que llorar

 BORGES: «La frase es una vergüenza, pero la gente va a emocionarse porque sabe que tiene que emocionarse. Esto es muy importante, sobre todo en el teatro, donde los efectos deben ser inmediatos. No importa que las bromas sean malas o que los momentos patéticos sean debilísimos; lo importante es que el espectador no tenga dudas sobre qué reacciones se esperan de él; lo importante es que sepa claramente cuándo debe reír y cuándo debe llorar».


Jueves, 13 de diciembre. 1951.


Adolfo Bioy Casares

“Borges”


rareza por la admiración popular

 «Qué raro —dijo— que la gente se admire con las historias de personajes que lo único memorable que tienen son las desdichas que les pasan: ...